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sábado, 25 de enero de 2014

EL EMBARGO JOSE SARAMAGO--AUDIO-- .......... POR RITA AMODEI

EMBARGO - CUENTO CORTO DE JOSÉ SARAMAGO He conocido gente fascinada por sus coches. Los limpian, los enceran, los mantienen pulcros, les cambian el aceite, siempre están revisando cualquier golpe o avería, oyen ruidos de motor cuando sólo canta el viento, siempre cuidan que no subas con los pies mojados o que no mojes ni manches las vestiduras con café, chocolate, etcétera. Y dentro de estos adoradores de las máquinas, también están los que además se sienten pilotos de Fórmula Uno, encarnaciones de Mario Andretti o el finado Senna, y se jactan de ser excelentes conductores. Para todos ellos parece escrito este genial cuento de José Saramago, el fallecido escritor portugués, Premio Nobel de Literatura 1998, conocido principalmente por novelas como El evangelio según Jesucristo o Ensayo sobre la ceguera, más que por sus ficciones breves. La historia de "Embargo" es sencilla. Una mañana, un hombre se despierta, deja a su mujer en casa y sale en su coche a la oficina. Antes, acude a una estación de gasolina para cargar el tanque, tratando de prevenirse del embargo de combustible que está sonando como la noticia del día en la ciudad. Hasta aquí todo parece una historia rutinaria y anodina, pero resulta que el hombre es uno de esos Alain Prost de clóset que se siente espléndido al volante y le gusta dar vueltas en su coche antes de irse a trabajar. Y además la fila de autos en la gasolinera es larguísima, así que decide excusarse por haberse demorado en ella marchándose a ver un cliente antes de llegar a su empleo. Sólo no cuenta con un detalle: resulta que ese coche que tanto mima y le parece el corcel más dócil, una verdadera extensión de su cuerpo, se le rebela. El automóvil del cuento de Saramago toma vida propia y empieza a tomar sus propias decisiones. Primero decide no dar reversa. Luego empieza a jugar con la palanca de velocidades. Hasta que finalmente atrapa y vuelve cautivo a su propio dueño, no le permite salir del interior, pegándole la espalda contra el asiento y conduciéndolo en una carrera citadina desenfrenada y caprichosa, hasta un desenlace abierto que suena a fatalidad. Las implicaciones alegóricas de esta fábula abundan. Es la historia del objeto que cobra vida y se sacude de su existir caprichoso y meramente utilitario. Es la rebelión de la máquina contra el hombre en un mundo vacío y tecnificado. Es la refutación irónica a la idea de que las máquinas son extensiones del hombre. Podría ser incluso una moderna vuelta de tuerca al mito del Centauro, que aparece en otro cuento de Saramago. Pero también es la historia del espíritu indomable de las cosas, del ánima fiera que se esconde detrás de todos los objetos, y de la paradoja que resulta al notar que aquel que se considera conductor es finalmente conducido, manejado, llevado (bendita semántica del español) por las cosas que cree dominar. La maestría de Saramago en el relato es sin duda su facilidad para describir el dramático proceso en que el coche toma vida a partir de acciones prácticas, mínimas y sencillas. Con un gusto por el detalle y la descripción, el narrador muestra las fases de la rebeldía, además de hacer evolucionar al individuo del cuento, atrapado en la desesperación y sufriendo la pérdida de la soberbia y la dignidad que sentía como dueño del auto. Lo interesante es que Saramago no sucumbe a los extremos anecdóticos. Éste no es el auto increíble de la serie, con cientos de funciones eléctricas y diálogos amables y mecánicamente simpaticones. Tampoco posee ánimos destructivos ni ejecuta carnicerías contra el género humano, sino solamente contra su dueño. Es ante todo un demonio animal y parece guiarse como tal, pues el coche va en busca de alimento permanentemente, pasea como un loco, desbocado, se mete en filas ansioso de combustible, hasta que la gasolina se le acaba debido al embargo... +++++++++++++++

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