miércoles, 2 de abril de 2014
REGINE CRESPIN INTERPRETA A POULEN . DIALOGO DE CARMELITAS ........POR RITA AMODEI
Regine Crespin (Premiere prieure)
Anne Marie Blanzat (Blanche)
Evelyne Brunner (Nouvello prieure)
Anne Marie Rodde (Sor Constance)
Suzanne Sarroca (Mere Marie)
conductor: Jean Perisson
Strasbourg 1981
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Análisis-----De las tres óperas compuestas por Francis Poulenc, Diálogos de carmelitas es la segunda, y a su vez la más extensa, más importante y más profunda, que contribuyó a su reputación como compositor especialmente dotado para la música vocal.
Indaga en temas como la enfermedad, la intolerancia, el martirio, la muerte y fundamentalmente el miedo, una presencia casi sofocante en toda la obra.
El miedo se presenta como el rasgo más característico de Blanche de la Fort, cuyo origen queda asociado con las trágicas circunstancias de su nacimiento, en el que su madre muere al darla a luz en medio de la violencia de una muchedumbre enardecida. El miedo es el que la lleva a ingresar en la orden religiosa del Carmelo, con la esperanza de encontrar allí paz y seguridad.
Sin embargo, más allá de los aspectos psicológicos, el miedo de Blanche es una expresión del terror imperante ante una situación política sumida en la irracionalidad, tal como se refleja en las palabras de Sor Matilde del segundo acto: “Todo el mundo tiene miedo. Se contagian el miedo unos a otros, como la peste o el cólera en tiempo de epidemia.”
Pero el miedo es también miedo a la muerte, tal como aparece descarnadamente en la escena de la agonía de la Priora, y en la escena final, particularmente en Sor Constanza. El mismo miedo a la muerte que Bernanos sentía en momentos de escribir esta obra, que adquiere de esta manera una dimensión metafísica.
Si bien se trata de una ópera compuesta en el siglo veinte, el lenguaje musical es más bien tradicional, lejos de las tendencias de vanguardia de su época. El mismo Poulenc acotó al respecto: “Mis monjas sólo pueden cantar música tonal. Uds. deben perdonarlas”. Por eso el lenguaje es claramente tonal o modal, con modulaciones refinadas y recursos disonantes reservados a los momentos de mayor intensidad dramática, como el de la muerte de la Priora o para acentuar la rudeza del personaje de María de la Encarnación.
Los diálogos son en su mayoría recitativos, con una línea melódica que sigue muy de cerca el texto buscando su máxima comprensibilidad. La orquesta permite en todo momento a los cantantes desplegar claramente el texto, y en este aspecto se acerca al estilo de Pelleas y Melisande de Claude Debussy.
La enunciación de los motivos-guía está a cargo de la orquesta, siguiendo el modelo de la ópera de Debussy. Entre ellos puede citarse el motivo asociado con el viejo mundo aristocrático que termina sucumbiendo con la revolución. Este motivo se escucha por primera vez al comienzo de la ópera, y luego en distintos momentos asociados con el Marqués y su casa, con el hermano de Blanche, incluso en la escena de la muerte de la Priora, y al final de la ópera.
Los profundos sentimientos religiosos del autor resultan particularmente evidentes en el magnífico canto a capella del Ave Maria en el Acto II, Escena II, y en el Ave verum corpus del Acto II, Escena IV. En estos cantos se siente el eco de la música sacra barroca.
Una de las escenas claves de la ópera es la de la muerte de la Priora, quién entra en trance de agonía y contrariamente a lo que se espera de ella, da muestras de un gran terror. Su tránsito carece de grandeza. Por eso Bernanos pone en boca de la hermana Constance, lo que dará sentido finalmente a la pieza entera: "Se diría que en el momento de darle la muerte el buen Dios se equivocó de muerte, como en el vestuario pueden darnos un abrigo por otro. Sí, debió haber sido la muerte de otra, una muerte no a la medida de nuestra Priora, una muerte demasiado pequeña para ella; ni siquiera podía ponerse las mangas...". Ante la pregunta de Blanche sobre el significado de estas palabras, la muchacha se explica: "Quiero decir que esa otra persona, cuando le llegue la muerte, se sorprenderá de penetrar tan fácilmente en ella, y de sentirse tan confortable dentro de los pliegues de su vestido". Justamente ese será el destino de Blanche, quién se enfrentará al martirio con una total serenidad de espíritu.
En la magnífica escena final, el coro de monjas entona un Salve Regina mientras esperan ser guillotinadas en la plaza principal. Una a una van cayendo en el escenario al ser decapitadas y en la partitura podemos apreciar cómo van desapareciendo voces a medida que se van oyendo los golpes de la guillotina en la percusión. Blanche se suma al martirio uniéndose al canto de la última carmelita, Sor Constance, quedándose la orquesta muda en un impresionante final.
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